Conoce a la Madre Susana

“No podemos cambiar el mundo, pero sí el mundo de alguien.”
— Hermana Susana Acosta, Misionera de la Caridad de María Inmaculada
Una vida al servicio del amor
La Hermana Susana nació en una familia grande, alegre y profundamente creyente: once hermanos y unos padres que sembraron en ella la fe que más tarde florecería como vocación.
A los 16 años dejó su casa para seguir el llamado de Dios, sin imaginar que ese “sí” adolescente se convertiría en una vida entera de entrega.
Hace más de 50 años ingresó a las Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, y en 1985 Dios le pidió dar un paso más: dejar su país natal, México, para partir hacia África Oriental, Kenia.
Ahí encontró un nuevo hogar entre los desiertos, las sonrisas y las heridas del pueblo africano.

Una misión que cruza fronteras
En tierras keniatas, la Hermana Susana ha aprendido nuevas lenguas, costumbres y caminos. Durante más de 40 años de servicio misionero, ha dedicado su vida a acompañar comunidades que enfrentan pobreza extrema, enfermedad y falta de oportunidades.
Desde hace más de ocho años vive en South Horr, al norte de Kenia, entre los pueblos samburu y turkana.
Junto con cuatro hermanas —tres kenianas y una mexicana— dirige una misión que combina fe, educación y salud:
un kínder con más de 220 niños y una clínica con 20 camas que atiende partos, enfermedades y emergencias cada semana.
Su trabajo no solo cura cuerpos: busca restaurar la dignidad de cada persona y hacer visible la presencia de un Dios que ama a su pueblo.

Amar, consolar y acompañar
La Hermana Susana enfrenta desafíos enormes: matrimonios infantiles, mutilación genital femenina, violencia hacia las mujeres y falta de acceso a educación.
Con ternura y perseverancia, ella y su comunidad buscan abrir caminos de esperanza para las niñas, madres y familias más vulnerables.
“Evangelizamos con amor, compasión, gentileza y consuelo.
Queremos que quienes servimos sientan en nuestro trato la presencia de un Dios que los ama.”
Fe que se convierte en vida
Detrás de cada logro hay oraciones, esfuerzos y manos amigas.
La Hermana Susana lo dice con humildad:
“Nos tocan los esfuerzos; los resultados le tocan a Dios.”
Su testimonio inspira la existencia de Baba Yetu, el puente de amor que une a quienes quieren ayudar desde México con las comunidades que ella acompaña en Kenia.
Cada donación, cada oración y cada gesto de solidaridad continúan el camino que ella inició hace más de medio siglo: servir con alegría, fe y compasión donde más se necesita.




Quienes hacen esta misión posible
"El amor no puede permanecer en sí mismo, debe ser un acto de servicio"
Kinder
Gracias a las hermanas y profesores africanos, la educación y cuidado de los niños es posible





